sábado, 12 de enero de 2013

CLÁSICOS, Vol. 4: EL FANTASMA DE LA ÓPERA ROCK

Ya iba siendo hora de recuperar la sección de Clásicos (por no hablar de recuperar el ritmo del blog en sí mismo) para afrontar este segundo año de vida del blog y nada mejor que hacerlo con una película atípica, un filme que deja el terror en un segundo plano para abrazar (uh-oh) ¡el musical!

De esto no teníamos por aquí, ¿eh? Pues agarraos bien a vuestros pantalones de campana, proveeos de LSD y ácidos varios y todos al Delorean para viajar a la década de los setenta de la mano de El Fantasma de la Ópera, de Fausto y del rock & roll con...

EL FANTASMA DEL PARAÍSO
(Phantom of the Paradise, 1974)
SINOPSIS: Paul Williams escribió la partitura de este clásico del cine musical de terror, en el cual participa interpretando el papel del malvado magnate de la música perseguido por un compositor desfigurado al que mete en prisión para robarle sus composiciones. Una vez en libertad, el fantasma se enamora de la nueva estrella de la canción promocionada por el magnate, comenzando así su particular venganza.

A partir de mediados de la década de los 70, comenzó el ascenso meteórico en la carrera de Brian De Palma, encontrando su punto culminante en la década de los 80. El último Brian nos ha dejado propuestas más "interesantes" que realmente relevantes, pero la película que nos ocupa supone el primer auténtico clásico que proporcionó a la historia del cine: el musical en que un compositor vende su alma a un demonio de la producción musical para terminar escaldado, humillado y deforme, ¡pero vivo!

El tema de la venganza es el que va a empañar la segunda mitad del filme, dejando a un lado la influencia de Fausto para abrazar la de un Fantasma de la Ópera post-moderno que habla a través de una máquina, lleva un casco aguileño por máscara y se dedica a torpedear (literalmente) el gran proyecto musical de su némesis.

Engaños que resuenan en notas musicales y composiciones bizarras de rock con una puesta en escena acorde, perfecta, terroríficamente pop y con momentos brillantes de ridículo voluntario, elevados a la máxima potencia en el paródico y amanerado personaje que en escena se convierte en prototipo de la masculinidad y que tiene un final frankensteiniano tan absurdo como poético.

Ésa es la escena que he escogido para ilustrar este clásico: la ceremonia previa al al alzamiento del monstruo y su número musical, momento cumbre de la cinta. Siento que el vídeo sea tan "largo" (7 minutos) pero confío en que su naturaleza musical y la atractiva escenificación os aligere el visionado.

«He is king of all who see and hear his perfect pitch
And more surprises when his time is come a stallion rises
Rises... rises... rises...»



Como apunte final, recomiendo FERVIENTEMENTE la banda sonora.

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